Tenía mucho de no ver a Nadia, una amiga del D.F. que conozco desde hace más de 3 años. En la plática, por alguna razón salió el clásico tema de la TELEVISIÓN.
Pongo en mayúsculas la palabra TELEVISIÓN, porque no sé si alguna vez han pensado que la tele es como si fuera un dios al que se adora todos los días.
Pero bueno, estaba con Nadita. Le pregunté a Nadita, cuál era la razon por la cual no veía la tele. Me contestó la clásica respuesta de que no tenía tiempo, pero que eventualmente quería comprar un proyector (de esos que usan en las oficinas, en las salas de juntas) para ver alguna película en la pared de su casa.
En ese momento yo contaba con una TELEVISIÓN de no sé cuantas pulgadas y un proyector al que le tenía un especial cariño (es una larga histora que no contaré para no desviarme del tema).
Un día,le hablé a Nadita y sin más preámbulo la cité en mi casa. Estaba un poco sacada de onda, me imagino que pensó que le quería contar algo profundo o que necesitaba su ayuda. Después de saludarla, le dije que se llevara MI PROYECTOR que recién le había empacado y que estaba en la mesa.
Obviamente me lo quería pagar y no me lo quería aceptar.
Me costó mucho trabajo convencerla.
Le dije que el proyector iba a ser parte de un proyecto experimental. Si me quería "pagar" tenía que hacer algo parecido: "Sorprender a alguien con una acción que no se esperara, fuera lo común". Generalmente, utilizas, vendes o empeñas un proyector, más si en esos momentos no traes mucha lana en el morral, como su servilleta.
Sé que suena a la famosa película cadena de favores, pero proyecto sobrenatural es HACER AGO QUE SE OPONGA A LO NATURAL.
En mi caso, lo natural era prestar, vender o empeñar el proyector, no regalarlo.
Así empezó.
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